AbrilPhillips

AbrilPhillips 03 de Octubre de 2017

"Els carrers seran sempre nostres"

Escribo desde el balcón. Con la murga que brota desde abajo. "Els carrers seran sempre nostres", grita la gente. Pronunciándolo en forma de estruendo inclaudicable. Como avisando que las calles les pertenecen. Que son suyas para tomar. Hoy Barcelona decidió que este martes no fuera un martes cualquiera. Que, en cambio, fuera día de lucha. De huelga general. El imaginario argentino hace suponer que huelga general es sinónimo de paro de actividades y de marcha convocada desde sectores organizados. En este caso, la palabra general se presentó con toda su impronta, mostrándose en los cuerpos de una infinidad de ciudadanos de a pie, rompiendo con el mito de que la calle es sólo de los jóvenes, las mujeres y los trabajadores para tomar. Es para todos los que se propongan hacerlo. Entonces uno se podía encontrar con señoras agitando banderas desde balcones. Con estudiantes pero también con señores de canas y caras arrugadas. Con familias desfilando todas sus generaciones. Sacando afuera sus pulmones al pedido de su derecho democrático al voto. Apropiándose de las calles en forma espontánea. Agolpándose en grupos dispersos, desordenados. Llenando el asfalto de música. De aplausos coordinados entre cantos. De cuerpos envueltos por banderas. Pero con el grito puesto en palabra, no en palos, ni puños. "El paper siempre guayará a la pedra", explicaban los carteles.

"Después de lo que pasó ayer...tocaron a nuestros abuelos. Ahora sí que no hay retorno", me dijeron ayer a la noche en un taxi, cuando preguntaba qué era lo que me iba a esperar al día siguiente. Y me acordé de las imágenes de policías premiando con garrotes a los ciudadanos que habían acercado la rebeldía de su "sí" a las urnas de las escuelas el día anterior. Me prometió que hoy no iba a encontrar violencia, por lo menos del lado de la gente, "porque los catalanes no somos violentos". Caminé bastante, no la encontré por ningún lado. 

"¿Ustedes no se sienten españoles?", le preguntó la turista, como cayendo en paracaídas.

Su respuesta de ayer encontró sus ecos en las calles de hoy. Su no rotundo fue acompañado por una sentencia: "este fin de semana se declara la independencia. No hay vuelta atrás". No sé cuánto de cierto tendrá su deseo. Pero es inevitable preguntarse, mirando hacia abajo, a esta calle insistente que todavía no descomprime, si no nos tocará ver nacer un país nuevo. 


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